Sólo una eterna, incuestionable entrega a la Madre puede darnos paz.

Ámala por Ella misma, sin miedo o favor, ámala porque eres su hijo.

Véla en todo, bueno y malo por igual.

Sólo entonces vendrá la “igualdad” y Dicha Eterna, que es la Madre misma cuando así 

la realizamos.

Hasta entonces la miseria nos perseguirá.

Sólo descansando en la Madre estamos a salvo.



Swami Vivekananda

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