viernes, 27 de septiembre de 2013

Las palabras crean limitaciones

¿Hay un pensar sin la palabra? Cuando la mente no está obstruida por las palabras, el pensar no es el pensar tal como lo conocemos; es una actividad exenta de palabras, de símbolos; por lo tanto, carece de fronteras, ya que la palabra es la frontera.
La palabra crea la limitación; y una mente que no está funcionando a base de palabras, no tiene limitación alguna, no tiene fronteras, no está amarrada.....

Tome la palabra amor y vea qué despierta en usted, obsérvese; en el instante en que menciono esa palabra, comienza a sonreír y se endereza en el asiento, experimenta cosas. La palabra despierta, pues, toda clase de ideas, toda clase de divisiones, tales como amor carnal, espiritual, profano, infinito, y demás. Pero descubra qué es el amor. Por cierto, señor, para descubrir qué es el amor, la mente debe estar libre de esa palabra y del significado de esa palabra.


El libro de la vida
Krishnamurti

viernes, 20 de septiembre de 2013

Cuento de la India - Nasrudín visita la India

El célebre y contradictorio personaje sufí Mulla Nasrudín visitó la India. Llegó a Calcuta y comenzó a pasear por una de sus abigarradas calles. De repente vio a un hombre que estaba en cuclillas vendiendo lo que Nasrudín creyó que eran dulces, aunque en realidad se trataba de chicles picantes. Nasrudín era muy goloso y compró una gran cantidad de los supuestos dulces, dispuesto a darse un gran atracón. Estaba muy contento, se sentó en un parque y comenzó a comer chicles a dos carrillos. Nada más morder el primero de los chicles sintió fuego en el paladar. Eran tan picantes aquellos "dulces" que se le puso roja la punta de la nariz y comenzó a soltar lágrimas hasta los pies. No obstante, Nasrudín continuaba llevándose sin parar los chicles a la boca. Estornudaba, lloraba, hacía muecas de malestar, pero seguía devorando los chicles. Asombrado, un paseante se aproximó a él y le dijo:   


- Amigo, ¿no sabe que los chicles sólo se comen en pequeñas cantidades?
Casi sin poder hablar, Nasrudín comentó:
- Buen hombre, créeme, yo pensaba que estaba comprando dulces.
Pero Nasrudín seguía comiendo chicles. El paseante dijo: 
- Bueno, está bien, pero ahora ya sabes que no son dulces. ¿Por qué sigues comiéndolos?
Entre toses y sollozos, Nasrudín dijo:
- Ya que he invertido en ellos mi dinero, no los voy a tirar.



El Maestro dice: No seas como Nasrudín. Toma lo mejor para tu evolución interior y arroja lo innecesario o pernicioso, aunque hayas invertido años en ello. 

101 Cuentos Clásicos de la India
Pág.57


martes, 17 de septiembre de 2013

Enseñanza del viejo sabio



En su enseñanza, el viejo sabio de la Túnica de color Ciruela decía:

- La naturaleza es la clave que lleva a la comprensión de la naturaleza humana, ya que está en el hombre tanto como en un vergel o en la corriente de un río. Como lo sentís y lo veis, observando el crecimiento de las plantas, el fuego da impulso, el agua refresca, el viento dispersa las semillas y participa en la fertilización, la tierra permite el nacimiento de la belleza. Asimismo, el hombre es fuego, agua, aire y tierra. Es invierno, primavera, verano y otoño. Pertenece a la naturaleza y, cuando vive en armonía con ella, comprende la paz que en ella existe.

Comed una ciruela, tiene buen sabor, regenera vuestro cuerpo. El ciruelo está bien mientras sigue creciendo y dando frutas. De la misma manera, vosotros sois una naturaleza en crecimiento. Al respetar la naturaleza, que hay en él, permitiéndole evolucionar, dejando que se desarrolle sin perturbarla, el hombre aprende y progresa.

Un día un estudiante le preguntó: 
- ¿Qué es nuestra tierra? ¿Qué es todo esto?
No lo entiendo. ¿Puedes explicármelo?

El viejo sabio le miró con una ligera sonrisa.
- ¿En qué te sostienes?

- En la tierra - respondió.

- Si pudiese quitar toda la tierra y no dejar más que el lugar en el que te sostienes, ¿qué ocurriría?

- Entonces ya no tendría nada.

- Lo has comprendido. El lugar en el que tú te sostienes no es lo importante. Lo importante es cómo vives por tu fuego - el amor - , por tu agua - tus emociones -, por tu aire - tu presencia espiritual - y por la tierra - donde aportas la paz a través de tu naturaleza.

Extraído de: Los sabios de la túnica color ciruela
Pág. 41



viernes, 13 de septiembre de 2013

Cuento de la India

Los dos místicos


Se trata de dos amigos con una gran tendencia hacia la mística. 
Cada uno de ellos consiguió una parcela de terreno donde poder retirarse a meditar tranquilamente. 

Uno de ellos tuvo la idea de plantar un rosal y tener rosas, pero enseguida rechazó el propósito, pensando que las rosas le originarían apego y terminarían por encadenarlo. 

El otro tuvo la misma idea y plantó el rosal. Transcurrió el tiempo. El rosal floreció, y el hombre que lo poseía disfrutó de las rosas, meditó a través de ellas así elevó su espíritu y se sintió unificado con la madre naturaleza. Las rosas le ayudaron a crecer interiormente, a despertar su sensibilidad y, sin embargo, nunca se apegó a ellas. 

El amigo empezó a echar de menos el rosal y las hermosas rosas que ya podría tener para deleitar su vista y su olfato. Y así se apegó a las rosas de su mente y, a diferencia de su amigo, creó ataduras.

El Maestro dice: A lo que tienes que renunciar es al sentido de posesividad y a la ignorancia.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Observar el pensamiento




Tengo que amar la cosa misma que estudio. Si usted quiere comprender a un niño, tiene que amarle y no censurarle. 
Debe jugar con él, observar sus movimientos, sus idiosincrasias, sus maneras de comportarse; pero si se limita a censurarle, a resistirle o culparle, no comprende al niño. De igual modo, para comprender lo que es, uno debe observar lo que piensa y hace, de instante en instante. Eso es lo real.
Krishnamurti