Abstención de dañar

Cuando un hombre se vuelve firme en su abstención de dañar a otros, todas las criaturas vivientes cesarán de sentir enemistad en su presencia

Estamos acostumbrados a utilizar la palabra "inocente" en un sentido más bien despectivo; se ha vuelto sinónimo de inútil e ineficaz. La perfecta inocencia del santo no es, bajo ningún punto de vista, ineficaz; es una fuerza positiva de tremendo poder. Cuando un hombre realmente ha renunciado por completo a la violencia en sus propios pensamientos y en su trato con los demás, comienza a crear una atmósfera a su alrededor en la cual la violencia y la enemistad dejan de existir porque no hallan reciprocidad. Los animales también son sensibles a tal atmósfera. Los animales salvajes pueden ser intimidados con látigos, pero solamente se vuelven inofensivos por el poder de un afecto auténtico, como  lo sabe muy bien todo buen domador. Una señora que estaba acostumbrada a manipular serpientes venenosas, solía explicar: "Ellas saben que yo no quiero dañarlas".

"La prueba de ahimsa (no dañar), es ausencia de celos", dijo Swami Vivekananda, "se puede ver a los grandes del mundo sentirse celosos unos de otros por un poco de nombre, un poco de fama y por algunas pepitas de oro. Mientras estos celos existen en un corazón, él se encuentra muy lejos de la perfecta ahimsa".

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