viernes, 3 de agosto de 2012

El yo y los deseos

El buscador de la Verdad debe recordar continuamente la naturaleza del Ser, dejando a un lado toda identificación con el yo. Es el yo quien atrae al Ser una y otra vez al mundo de maya, o ignorancia.

Es el yo quien enriquece el mundo de los deseos. Cuando los deseos se incrementan, también se incrementa la actividad. Y cuando hay un crecimiento  de la actividad, hay asimismo un crecimiento de los deseos.

Así pues, la actividad y el deseo se mueven en un círculo vicioso y el hombre permanece prisionero de ellos.

La destrucción de los deseos ha sido descrita como Liberación; y al hombre libre de ellos, se lo denomina jivanmukta, un ser liberado en vida. 

Aún después que la Verdad ha sido develada, aún entonces continúa la fuerte ilusión de que uno es el hacedor de la acción y el que experimenta sus resultados. Esto debe ser cuidadosamente destruido, viviendo en un estado de constante comunión con el Ser.

Solamente así puede uno experimentar la bienaventuranza de la Liberación, aunque resida todavía en un cuerpo físico. 

El buscador de la Verdad no debe nunca distraerse de su firmeza para el logro del verdadero Conocimiento. Distracción es muerte. Distracción, ilusión, egoísmo, esclavitud y sufrimiento son los sucesivos eslabones que conforman la cadena de la vida mundana, si la mente, aunque sólo sea de modo superficial, se separa del Ser interno y se mueve hacia el mundo exterior, se caerá cada vez más bajo, de la misma manera que un balón arrojado desde el extremo superior de una escalera descenderá, peldaño  por peldaño, sin detenerse hasta llegar al final de su caída. 

La verdad del Ser es extremadamente sutil y nunca puede ser conquistada por una mente distraída. Ella es conquistada solamente por almas nobles y mentes puras; y aun estas mismas lo logran sólo a través de una extraordinaria, paciente y constante concentración.

La ciencia del autoconocimiento 
Sri Sankaracharya



Swami Vivekananda

"Yo soy el alma de Budha,  de Jesús, de Mahoma. Yo soy el alma de los maestros,  y soy todos los  ladrones que robaron ...