domingo, 24 de junio de 2012

Simbología - Los enemigos internos

La simbología en torno a los enemigos internos o pasiones primordiales está presente en todas las grandes tradiciones espirituales, aunque a la hora de enumerarlas registran algunas diferencias. Entre ellas, podemos citar al cristianismo, que establece los siete pecados capitales; el hinduismo, que identifica a seis enemigos internos; y el budismo, que habla de los tres venenos mentales. 

Los teólogos medievales las identificaron como: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. De acuerdo a Santo Tomás “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”. A los siete pecados capitales se le van a contraponer otras tantas virtudes: humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia. 

En el hinduismo se habla de Arishadvarga, los seis enemigos internos que impiden al hombre conocer su verdadera naturaleza. Estos son: deseos egoístas (Kama), ira (Krodha), codicia (Lobha), ofuscación (Moha), orgullo (Mada) y celos (Matsarya). En el Bhagavad Guita se lee: “En el que piensa en los objetos, nace el apego, del apego nace el deseo, del deseo (frustrado) nace la ira, de la ira nace la ofuscación, de la ofuscación nace la confusión de la memoria; luego, la voluntad queda destruida, y entonces el hombre perece”. 

Klesha es el término con que los budistas denominan a las tres pasiones que corrompen al hombre. Estos son: la ignorancia, que se simboliza con un jabalí; el anhelo, que lo es por un gallo, y la aversión, que se representa por una serpiente. Estos tres venenos son la raíz del mal por el cual los seres permanecen atrapados en la rueda del samsara. Algunas tradiciones budistas hablan de cinco venenos, agregando el orgullo y los celos a los tres anteriores. 

Al margen de las variaciones con respecto su número, todas las religiones coinciden en que estas pasiones primordiales obstaculizan la evolución espiritual de los practicantes. 

A este respecto, Ramakrishna propone un antídoto en su evangelio: “Ya que no puedes desembarazarte de tus pasiones —tu lujuria, tu ira y las otras— dales una nueva dirección. 

En lugar de desear placeres mundanos, desea a Dios (…) Enloquece por la belleza de Dios. 

Si no puedes librarte del orgullo, enorgullécete de proclamar que eres el servidor de Dios, que eres el hijo de Dios. Así, vuelve las seis pasiones hacia Dios.” 

Martín Astigueta. Periodista y Docente.

Swami Vivekananda

"Yo soy el alma de Budha,  de Jesús, de Mahoma. Yo soy el alma de los maestros,  y soy todos los  ladrones que robaron ...