El servicio real es amor



 Mientras se siente amor por lo que se hace, esto es servicio. Cuando todavía estamos en el proceso de alcanzar ese amor, estamos tratando de lograr ese estado a través del servicio. Es el ego quien no nos permite manifestar ese amor. Para eso necesitamos disciplina espiritual. El trabajo, las prácticas espirituales implican siempre la necesidad de una disciplina, porque a través de ella se logra motivar el espíritu de servicio y ayuda a comprender y realizar las acciones desde el corazón.

“Sri Ramakrishna dijo: Servir a Dios es servir al hombre. Y, de la misma forma, Jesús declaró: Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Así, cuando el amor se hace presente en la acción sentimos gusto por hacerla y de esa manera, por ese gustar, brota el olvido de sí mismo…aflora…nace…el darse al otro. En ese momento, el practicante está realizando una acción y una adoración.

Esta es la primera etapa, trabajo y adoración. La segunda etapa es cuando se hace el trabajo como adoración. La tercera es cuando el trabajo mismo es una adoración.

Y para poder realizar con éxito esta meta, renunciación y servicio deben ir de la mano. No hay amor ni servicio, sin renunciación del propio ego.

“Esta es la forma de ir purificando lamente para encontrar la verdad. Tener discriminación entre lo real y lo irreal, realizar las acciones como servicio a Dios llevan por sí mismos a la realización de la verdad última. Esto se logra con la práctica espiritual. Realizando todas las acciones, ya sea en su hogar, su trabajo, o en la expresión de una vocación, todo como servicio a Dios, y adorándolo intensamente, de esta manera, el practicante Lo realiza”.

Por Monje de la Orden Ramakrishna

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