martes, 26 de julio de 2011

Enseñanza del Vedanta

La verdadera naturaleza del ser humano es idéntica a la del Ser Supremo y por ende Divina. La meta de la vida es realizar esta Divinidad, o sea, la identidad entre el yivatma (ser individual) y el Paramatma (Ser Supremo) por medio de las prácticas morales y espirituales.

Como resultado es esa realización, uno se establece en la dicha y paz eterna y se libera de todas las ligaduras. El ser humano puede lograr esto debido al desarrollo de su mente. Por lo tanto, la gloria del nacimiento humano es inmensa.

Hasta obtener aquel estado, el alma (el yiva o ser vivo) necesita nacer repetidamente y experimentar las dualidades. Pero el ser humano siempre está dotado de la capacidad de discernir y ejercer el poder de su voluntad. Esto lo hace responsable de las acciones y sus frutos (karmafala) colocándolo bajo la inevitable ley de causa y efecto. Toda acción no egoísta es moral y acelera la realización de la Divinidad interior, mientras que las acciones egoístas producen lo contrario. 

Ramakrishna Vivekananda Vedanta, Pág. 25

¿Qué es la filosofía Vedanta?

El Vedanta es una de las filosofías espirituales más antiguas e integradoras del mundo y una de las más inclusivas.

Basado en los vedas, textos sagrados de la India, el Vedanta afirma la unidad de la existencia, la divinidad del alma y la armonía de las religiones.

Constituye la base filosófica del hinduismo, incluye aspectos de la cultura India, el Vedanta es de aplicación universal y resulta igualmente relevante a cualquier país, cultura y tradición religiosa.

La palabra "Vedanta" es una combinación de otras dos: "veda", que significa conocimiento y "anta" que significa el fin de o la meta de.

En este contexto, la meta del conocimiento no es intelectual, como el conocimiento limitado que adquirimos al leer libros; este conocimiento se refiere al conocimiento de Dios y de nuestra naturaleza divina. Por lo tanto, Vedanta es la búsqueda del autoconocimiento (o descubrimiento de nuestro propio Ser) y, por ende, la búsqueda de Dios.

¿A qué nos referimos cuando decimos Dios?
Según del Vedanta, Dios es existencia, conciencia y dicha infinita.

El término sánscrito que describe esta realidad trascendente e impersonal es Braman, la divina esencia del ser. Al mismo tiempo, el Vedanta afirma que Dios también puede ser personal y asumir un cuerpo humano en cualquier época.

Pero lo más importante de todo es que Dios mora en nuestros corazones como el Ser Divino o Atman. El Atman no nace ni muere, no es afectado por nuestros defectos, ni por las fluctuaciones de la mente o del cuerpo, no está sujeto a dolor, desesperación, enfermedad o ignorancia.

El Vedanta declara que el Atman es puro, perfecto, libre de cualquier limitación, uno con Brahman. El más hermoso templo de Dios en el corazón humano.

Es más, el Vedanta asevera que la meta de la vida humana consiste en darnos cuenta de nuestra divinidad y en hacerla patente. Y esto no sólo es posible, sino que es inevitable. Nuestra verdadera naturaleza es divina; conocer a Dios es un derecho de nacimiento, es inherente a la condición humana. Tarde o temprano todos manifestamos nuestra divinidad, ya sea en ésta o en vidas posteriores, puesto que nuestra naturaleza divina es la mayor verdad de nuestra existencia.

Finalmente, el Vedanta declara que todas las religiones enseñan las mismas verdades esenciales sobre Dios, el mundo y las relaciones humanas. Hace miles de años el Rig Veda declaró: La verdad es una; los sabios le dan distintos nombres. Las religiones del mundo ofrecen diversos senderos para llegar a Dios, todos válidos y auténticos. Y cada religión ofrece al mundo un camino único e infalible que conduce a la realización de Dios. Los mensajes contradictorios que encontramos entre las religiones se deben más a la doctrina y al dogma que a la realidad de la experiencia espiritual. Si bien hay diferencias en los preceptosexternos de cada religión, la experiencia interior revela notables semejanzas.

Vedanta (La visión general).
Pravrajika Vrajaprana

Virtudes éticas y morales

Las virtudes éticas y morales del Vedanta se basan en el ideal de realizar y manifestar nuestra innata divinidad. En pocas palabras, todo lo que nos acerque a la meta es ético y moral y lo que nos impida avanzar no lo es.

Como un diamante que está cubierto de barro, el Atman brilla en todo su esplendor en nuestro interior, sin embargo su presencia está cubierta, su brillante pureza enmascarada tras un sin fin de capas de ignorancia, de identificaciones erróneas, conocimiento incorrecto y percepciones desacertadas. Es importante enfatizar que no estamos tratando de convertirnos en algo distinto a lo que ya somos. No intentamos volvernos perfectos, ya lo somos. Ésta es nuestra verdadera naturaleza. Actuar de acuerdo a ella, con nobleza, sinceridad y amabilidad, levanta el velo de la ignorancia, que oculta la verdadera realidad. Cualquier cosa que deforme esta realidad es una distorsión de la verdad.

Por lo tanto, la ética del Vedanta se basa en un sencillo método de razonamiento, donde a cada acción o pensamiento le preside la pregunta: ¿me acerca a la verdad o me aleja de ella?

Si consideramos la misma pregunta desde otro punto de vista nos preguntamos:¿Qué nos impide realizar la verdad? La respuesta es: el ego, la sensación de “yo” y “mio”. El gran maestro Ramakrishna dijo: “la sensación de `yo´ y `mío´ ha ocultado la Realidad y por eso no vemos la verdad”. Y continuó: “cuando el ego muere, todos los problemas desaparecen”.

¿Qué tiene que ver el ego con la ética y la moral? Absolutamente todo. Cualquier código moral se basa en el ideal del altruismo, es decir, dar prioridad a los demás, forzando al ego a desempeñar un papel secundario. Los deseos egoístas siempre perjudican nuestra vida espiritual. Independientemente de la magnitud de la acción o del pensamiento, el egoísmo hace que el velo de la ignorancia se vuelva más denso y oscuro. Por el contrario, cualquier acto altruista beneficia nuestra vida espiritual.

Por esta razón, hacer el bien al prójimo es un código universal de ética y moral, presente en todas las religiones y sociedades. ¿Por qué es universal? Porque refleja la verdad que sentimos de manera instintiva, refleja la unidad de la vida.

El amor, la compasión y la empatía afirman esta verdad porque reflejan la realidad del universo. Cuando sentimos amor y compasión, experimentamos inconscientemente la unidad que existe entre todas las cosas. Cuando sentimos odio, ira y celos nos apartamos de los demás y negamos nuestra naturaleza, que en verdad es infinita y libre de cualquier limitación.

¿Dónde radica el problema? En nuestra identificación errónea, el creer que somos la mente y el cuerpo en lugar del “espíritu infinito”. Como expresa Swami Vivekananda, el gran discípulo de Ramakrishna: “En el momento en que pienso que soy un pequeño cuerpo, quiero conservarlo, protegerlo o darle un buen aspecto, a expensas de los demás cuerpos; entonces se crea una separación entre tú y yo. Cuando esta idea de separación aparece, abre la puerta del dolor y lo lleva a uno a toda clase de sufrimientos”.

Vedanta.Pravrajika Vrajaprana. Pág. 36.

¿Por qué no somos conscientes de nuestra divinidad?

El concepto de maya o ignorancia

El Vedanta entiende que nuestra verdadera naturaleza es divina: pura, perfecta y eternamente libre. No necesitamos transformarnos en Brahman (Lo Absoluto Impersonal), porque ya lo somos. Nuestro verdadero Ser, el Atman, es uno con Brahman.

Pero, si nuestra naturaleza es divina, ¿por qué no somos conscientes de ella?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en el concepto de maya (maia) o ignorancia. Maya es el velo que cubre nuestra verdadera naturaleza y la verdadera naturaleza del mundo que nos rodea. Maya es inescrutable: no se sabe por qué existe ni cuándo empezó. Lo que sí sabemos es que, como cualquier forma de ignorancia, deja de existir cuando surge el conocimiento: el conocimiento de nuestra naturaleza divina.

Brahman es la verdad de nuestra existencia: vivimos, nos movemos y moramos en Brahman. Los Upanishads, textos sagrados de la filosofía del Vedanta, declaran: “En verdad todo esto es Brahman”. El mundo cambiante que percibimos a nuestro alrededor puede compararse con una secuencia de fotogramas que se proyecta en una pantalla, sin la inalterable pantalla de fondo, no hay película. De la misma manera, el inmutable Brahman, cimiento de la existencia, es la pantalla sobre la que se proyecta la realidad de este mundo cambiante.

Sin embargo, nuestro acceso a la realidad pura se ve condicionado - como el reflejo en un espejo distorsionado – por el tiempo, el espacio y la causalidad (la ley de causa y efecto). Nuestra visión de la realidad se ve más distorsionada aún debido a las identificaciones erróneas. Nos identificamos más con el cuerpo, la mente y el ego, que con el Atman, nuestro divino Ser inherente.

Esta percepción errónea da origen a más ignorancia y dolor, produciendo así una secuencia interminable: al identificarnos con el cuerpo y la mente, surge el temor a la enfermedad, a la vejez y a la muerte; al identificarnos con el ego, sufrimos ira, odio y un sin fin de sentimientos dolorosos.

Y sin embargo, nada de esto afecta al Atman, nuestra verdadera naturaleza.

Maya se puede comparar con las nubes que ocultan al sol. El sol está en el cielo, pero la presencia de una densa capa de nubes nos impide verlo. Cuando las nubes se dispersan, nos damos cuenta de que el sol siempre estuvo ahí. Nuestras nubes – maya en la forma de egoísmo, odio, avaricia, lujuria, ira o ambición – se dispersan cuando meditamos en nuestro verdadero ser, cuando nos entregamos a actos generosos y constantemente nos movemos y pensamos de modo que nuestra verdadera naturaleza se ponga de manifiesto, esto es, por medio de la autenticidad, la pureza, el contentamiento, la humildad, el auto-control y la paciencia. Esta purificación de la mente disipa las nubes de maya, permitiendo que nuestra divinidad brille en todo su esplendor.

Shankara, el gran sabio y filósofo indio del siglo siete, usaba el ejemplo de la soga y la serpiente para ilustrar el concepto de maya: un hombre caminaba por un sendero oscuro y solitario cuando vio una serpiente. Su corazón comenzó a latir intensamente y su pulso se aceleró. Pero, al acercarse un poco, pudo ver que su “serpiente” no era más que un trozo de soga enroscada. Una vez que la ilusión se desvaneció, la serpiente desapareció para siempre.

Del mismo modo, al avanzar por el oscuro camino de la ignorancia, nos consideramos criaturas mortales, rodeadas de un universo de nombres y formas, condicionados por el tiempo, el espacio y la causalidad; nos identificamos con nuestras limitaciones, esclavitud y sufrimiento. Pero, si observamos atentamente, veremos que tanto la criatura mortal como el universo entero resultan ser Brahman. Una vez que la ilusión se desvanece, nuestra mortalidad y el universo desaparecen para siempre y vemos a Brahman en todas partes y como parte de todo.

Vedanta. Pravrajika Vrajaprana. Pag. 8

lunes, 25 de julio de 2011

La sílaba sagrada

Para el hinduismo la sílaba AUM, que se pronuncia OM, es el sonido primordial del universo. Se lo considera la esencia misma de los Vedas, la expresión de lo absoluto, el supremo Brahman. El pranava, como también se lo denomina, no sólo es patrimonio de esta religión, sino que también es recitado por millones de budistas, jainistas y siks.
Según se narra en la mitología hindú, AUM brotó originalmente del tambor de Shivá y de ella se desprendieron las diferentes notas de la escala musical y todo el lenguaje. Por ello es considerada la palabra sagrada por excelencia, el origen y base de todas las vibraciones y sonidos.
En su obra Swami Vivekananda expresa que “La primera letra A es la raíz del sonido, la clave, pues se pronuncia sin tocar ninguno de los órganos bucales; M representa el último sonido de la serie, pues se pronuncia con los labios cerrados; y U es el sonido intermedio entre la raíz y el fin del tablero fonético bucal. Así AUM representa el entero fenómeno de la emisión del sonido, y por tanto debe ser el símbolo natural, la matriz de los diversos sonidos, y denota toda la escala de cuantas palabras se pueden pronunciar”.
La sílaba representa también la estrecha relación entre el macrocosmos y el microcosmos. Significa la unidad con lo supremo, la combinación de lo físico con lo espiritual. Por medio de la meditación en OM los yoguis pueden alcanzar la iluminación o moksha.
Si bien se utilizan diferentes pictogramas para su representación, su carácter en sánscrito es el más conocido y también es el emblema de la religión hindú. En torno al significado de sus trazos existen una gran cantidad de interpretaciones. Se los vincula con el Trimurti, la trinidad hindú conformada por Brahmá, el creador; Vishnú, el que preserva; y Shivá el destructor. También se lo asocia con el pasado, presente y futuro; ó con los escrituras Rigveda, Samaveda y Yajurveda.
Escribe: Martín Astigueta (Periodísta)

Y por fin Dios dijo,...

"Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra."

Vale decir entonces que la Divinidad nos hace participes de su Ser, nos crea según su espíritu. Es por esto que San Pablo nos dice: En Dios somos, en Dios nos movemos, pero también podemos afirmar que Dios se manifiesta en nosotros, ya que el Ser Supremo es en principio espíritu in-manifestado. En el ser humano se otorga por voluntad de la Divinidad una latente conciencia de esa naturaleza espiritual. Esto no ocurre en otros niveles de la creación, lo cual no indica necesariamente que solo el hombre posee naturaleza divina, sino que el estado de ser humano es el único capaz de ser plenamente consciente de este privilegio. Pero también es divino, aunque no consciente todavía de esta verdad todo lo demás que El creo, o para decirlo en forma más amplia, todo aquello en que El quiso manifestarse. Porque si todo deviene de un único Principio Divino, lo es también en esencia su creación, o todo aquello en que Dios se halla manifestado.

El trabajo del ser humano consiste con ayuda de la divina gracia - que es la fuerza espiritual constante en la creación, que impulsa a la misma al retorno a la unidad de Dios - y que está implícita en todo ser humano en forma de esa chispa de anhelo de inmortalidad y gozo, que nunca le abandona, en confirmarse a sí mismo esa identidad divina. Su misión es reencontrar plenamente su verdadero estado original. Para impulsar al ser humano en este viaje de vuelta.

Dios a través de seres absolutamente conscientes de la Verdad, formula senderos diversos llamados religiones o escuelas filosóficas. Así el hombre transita en su crecimiento de conciencia de esa Única Realidad que es su plenitud en Dios.

Swami Vivekananda resumió esta verdad de forma magistral. Nos dice: Cada ser individual es potencialmente divino, la meta es manifestar esa Divinidad interior controlando la naturaleza interna y externa. Esto es lo que constituye la religión toda.

Cuando la Divinidad redime a un ser humano, lo hace consciente de su verdadera esencia. Santa Catalina de Siena nos agrega refiriéndose al ser humano: Por amor lo creaste, por amor le diste el ser, capaz de gustar el Bien Eterno.

Escribe: Carlos Hipólito

jueves, 21 de julio de 2011

Una forma de bendecir nuestros alimentos

Brahma arpanam brahma havih
brahmagnau brahmana hutam
brahmaiva tena gantavyam
brahma karma samadhina
– Srimad Bhagavad-Gita 4.24

El cucharón (usado para la oblación) es Brahman,
la oblación es Brahman, 
el que hace el culto es Brahman y el fuego es Brahman; 
aquel que ve al único Brahman en acción, 
alcanza a Brahman mismo. 

Brahma arpanam, el proceso de ofrecer es Brahman (Dios, la Existencia-Conciencia-Dicha Absoluta).

brahma havih, el ghee (y otras cosas que se ofrecen en el fuego al hacer un ritual) es Brahman.

brahmagnau en el fuego donde se ofrece; ese fuego también es Brahman.

brahmana hutam el que ofrece (quien hace el culto) es también Brahman.

brahmaiva tena gantavyam sólo Brahman es la meta de quien ofrece (este sacrificio). ¿Qué obtiene uno como resultado de este sacrificio?

Uno alcanza Brahman sólo a través de esto (brahmaiva tena gantavyam).

¿Quién alcanza a Brahman? brahma karma samadhina, aquel cuyo samadhi (concentración) es brahma-karma (quién ve a la acción misma como Brahman). Esa persona sabe que cualquier acción que haga él o ella no es más ni menos que lo divino. Esta es una profunda verdad Vedántica, que existe sólo Brahman en este universo, la infinita, no dual y pura Conciencia. Aquello se ha manifestado como este universo; los objetos, acciones, sujetos, todo es sólo el único infinito Brahman; esta es la verdad que se expresa a través de este verso. Esta maravillosa verdad se ve en la fisiología y en otros pensamientos científicos modernos, como dije anteriormente al tratar el segundo verso, el autor del artículo "El sol es la Gran Madre" en la revista National Geographic (1948) dice que comemos el sol en nuestra comida y su digestión, vestimos el sol en nuestra ropa, usamos el sol en el carbón y el aceite, etc., finalizando con la frase: "Incomprensiblemente entretejidos están los hilos de vida y luz."

Esa unidad universal detrás de esta multiplicidad es lo que los antiguos en India, desde el Rig-Veda en adelante, comprendieron y expresaron. El sol es también conocido como el pushan, "aquel que nutre". El sol es una entidad física visible. Pero nuestros sabios descubrieron la conciencia espiritual de Brahman detrás del sol, detrás del sistema estelar, detrás de todo. Aquél Brahman, la realidad última, infinita y pura Conciencia, una y no dual. Esa es la verdad detrás del universo. Esa verdad se afirma a la hora de la comida. Una idea hermosa: el jatharagni o jugo digestivo dentro del estómago e intestinos, que digiere la comida, es también una forma de lo divino. Esto lo dirá el Bhagavad Guita en el capítulo 15: "Existo en el estómago de todos los seres como el fuego de la digestión, jatharagni. Digiero toda la comida que se pone en el sistema digestivo." uno y no dual, el universo entero es la expresión de aquel Brahman. Al igual que en el sistema solar, todo es radiación solar en forma condensada como agua, como hielo, como piedra, como planta, como esto o aquello. Todo es radiación solar. Por eso, este es un gran verso.

Eso es una Verdad, no un dogma.

Alguien podría preguntar ¿cómo pueden ser ésto y aquello igual? ¿Cómo pueden ser igual la comida que tomo y la energía digestiva en el estómago? Si, lo son. Si van a la raíz verán que todo esto viene de una sola fuente. Tomen como ejemplo el cuerpo humano. El mismo material genético se ha vuelto la rígida estructura ósea, y el mismo material genético se ha vuelto la hermosa visibilidad a través de los ojos. Es traslúcida, por decirlo así. Algo es duro, algo suave, algo fluído, algo como la piel y las uñas y el cabello. Todo esto proviene del mismo material genético. Entonces, esta es la verdad que aprendemos una y otra vez de las ciencias físicas. Todo dentro del cuerpo es construído, luego reparado, corregido, y hecho crecer por el mismo material genético que está adentro. Esta es una gran verdad, la verdad del Advaita, que India descubrió tiempo atrás, sobre el universo como un todo. Lo llamamos Atman o Brahman, la infinita Conciencia, "el uno sin segundo", dice el Brihadaranyaka Upanishad (2.1.20).

Del libro "Universal Message of the Bhagavad Gita", por Swami Ranganathananda