El Maestro añorando a sus propios devotos

Sri Ramakrishna anhelaba encontrar aspirantes capaces de seguir sus enseñanzas en su forma más pura.

Las charlas profanas de la gente mundana lo irritaban y no veía el día que llegaran sus propios compañeros bienamados.

En 1879 comenzaron a llegar sus futuros discípulos pertenecientes a la clase media culta de Bengala. Atraídos por artículos sobre Sri Ramakrishna que autores brahmos publicaban de vez en cuando en las revistas de su organización, y siguieron llegando hasta 1884.

Pero también llegaron otros que sentía su fuerza sutil de atracción.

Era una multitud siempre cambiante de gente de todas las castas y credos: hidúes y brahmos, váishnavas y shaktas; cultos graduados en la universidad e iletrados; viejos y jóvenes; maharayas y mendigos; periodistas y artistas; eruditos y devotos; filósofos y gente de mentalidad mundanal; gñanis y yoguis: hombres de acción y hombres de fe; mujeres virtuosas y prostitutas; funcionarios y vagabundos; filántropos y egoístas; dramaturgos y borrachos; edificadores y demoledores.

A todos ellos les daba libremente de su experiencia en realización, tesoro sin límite.

A todos daba su simpatía e iluminación, y los tocaba con ese extraño poder del alma que no podía menos que derretir hasta a los más empedernidos. Y la gente lo comprendía según el entendimiento de cada uno

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