martes, 26 de julio de 2011

¿Por qué no somos conscientes de nuestra divinidad?

El concepto de maya o ignorancia

El Vedanta entiende que nuestra verdadera naturaleza es divina: pura, perfecta y eternamente libre. No necesitamos transformarnos en Brahman (Lo Absoluto Impersonal), porque ya lo somos. Nuestro verdadero Ser, el Atman, es uno con Brahman.

Pero, si nuestra naturaleza es divina, ¿por qué no somos conscientes de ella?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en el concepto de maya (maia) o ignorancia. Maya es el velo que cubre nuestra verdadera naturaleza y la verdadera naturaleza del mundo que nos rodea. Maya es inescrutable: no se sabe por qué existe ni cuándo empezó. Lo que sí sabemos es que, como cualquier forma de ignorancia, deja de existir cuando surge el conocimiento: el conocimiento de nuestra naturaleza divina.

Brahman es la verdad de nuestra existencia: vivimos, nos movemos y moramos en Brahman. Los Upanishads, textos sagrados de la filosofía del Vedanta, declaran: “En verdad todo esto es Brahman”. El mundo cambiante que percibimos a nuestro alrededor puede compararse con una secuencia de fotogramas que se proyecta en una pantalla, sin la inalterable pantalla de fondo, no hay película. De la misma manera, el inmutable Brahman, cimiento de la existencia, es la pantalla sobre la que se proyecta la realidad de este mundo cambiante.

Sin embargo, nuestro acceso a la realidad pura se ve condicionado - como el reflejo en un espejo distorsionado – por el tiempo, el espacio y la causalidad (la ley de causa y efecto). Nuestra visión de la realidad se ve más distorsionada aún debido a las identificaciones erróneas. Nos identificamos más con el cuerpo, la mente y el ego, que con el Atman, nuestro divino Ser inherente.

Esta percepción errónea da origen a más ignorancia y dolor, produciendo así una secuencia interminable: al identificarnos con el cuerpo y la mente, surge el temor a la enfermedad, a la vejez y a la muerte; al identificarnos con el ego, sufrimos ira, odio y un sin fin de sentimientos dolorosos.

Y sin embargo, nada de esto afecta al Atman, nuestra verdadera naturaleza.

Maya se puede comparar con las nubes que ocultan al sol. El sol está en el cielo, pero la presencia de una densa capa de nubes nos impide verlo. Cuando las nubes se dispersan, nos damos cuenta de que el sol siempre estuvo ahí. Nuestras nubes – maya en la forma de egoísmo, odio, avaricia, lujuria, ira o ambición – se dispersan cuando meditamos en nuestro verdadero ser, cuando nos entregamos a actos generosos y constantemente nos movemos y pensamos de modo que nuestra verdadera naturaleza se ponga de manifiesto, esto es, por medio de la autenticidad, la pureza, el contentamiento, la humildad, el auto-control y la paciencia. Esta purificación de la mente disipa las nubes de maya, permitiendo que nuestra divinidad brille en todo su esplendor.

Shankara, el gran sabio y filósofo indio del siglo siete, usaba el ejemplo de la soga y la serpiente para ilustrar el concepto de maya: un hombre caminaba por un sendero oscuro y solitario cuando vio una serpiente. Su corazón comenzó a latir intensamente y su pulso se aceleró. Pero, al acercarse un poco, pudo ver que su “serpiente” no era más que un trozo de soga enroscada. Una vez que la ilusión se desvaneció, la serpiente desapareció para siempre.

Del mismo modo, al avanzar por el oscuro camino de la ignorancia, nos consideramos criaturas mortales, rodeadas de un universo de nombres y formas, condicionados por el tiempo, el espacio y la causalidad; nos identificamos con nuestras limitaciones, esclavitud y sufrimiento. Pero, si observamos atentamente, veremos que tanto la criatura mortal como el universo entero resultan ser Brahman. Una vez que la ilusión se desvanece, nuestra mortalidad y el universo desaparecen para siempre y vemos a Brahman en todas partes y como parte de todo.

Vedanta. Pravrajika Vrajaprana. Pag. 8

Swami Vivekananda

"Yo soy el alma de Budha,  de Jesús, de Mahoma. Yo soy el alma de los maestros,  y soy todos los  ladrones que robaron ...