Y por fin Dios dijo,...

"Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra."

Vale decir entonces que la Divinidad nos hace participes de su Ser, nos crea según su espíritu. Es por esto que San Pablo nos dice: En Dios somos, en Dios nos movemos, pero también podemos afirmar que Dios se manifiesta en nosotros, ya que el Ser Supremo es en principio espíritu in-manifestado. En el ser humano se otorga por voluntad de la Divinidad una latente conciencia de esa naturaleza espiritual. Esto no ocurre en otros niveles de la creación, lo cual no indica necesariamente que solo el hombre posee naturaleza divina, sino que el estado de ser humano es el único capaz de ser plenamente consciente de este privilegio. Pero también es divino, aunque no consciente todavía de esta verdad todo lo demás que El creo, o para decirlo en forma más amplia, todo aquello en que El quiso manifestarse. Porque si todo deviene de un único Principio Divino, lo es también en esencia su creación, o todo aquello en que Dios se halla manifestado.

El trabajo del ser humano consiste con ayuda de la divina gracia - que es la fuerza espiritual constante en la creación, que impulsa a la misma al retorno a la unidad de Dios - y que está implícita en todo ser humano en forma de esa chispa de anhelo de inmortalidad y gozo, que nunca le abandona, en confirmarse a sí mismo esa identidad divina. Su misión es reencontrar plenamente su verdadero estado original. Para impulsar al ser humano en este viaje de vuelta.

Dios a través de seres absolutamente conscientes de la Verdad, formula senderos diversos llamados religiones o escuelas filosóficas. Así el hombre transita en su crecimiento de conciencia de esa Única Realidad que es su plenitud en Dios.

Swami Vivekananda resumió esta verdad de forma magistral. Nos dice: Cada ser individual es potencialmente divino, la meta es manifestar esa Divinidad interior controlando la naturaleza interna y externa. Esto es lo que constituye la religión toda.

Cuando la Divinidad redime a un ser humano, lo hace consciente de su verdadera esencia. Santa Catalina de Siena nos agrega refiriéndose al ser humano: Por amor lo creaste, por amor le diste el ser, capaz de gustar el Bien Eterno.

Escribe: Carlos Hipólito

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